Morfología de la lesión neuronal aguda
Morfología de la lesión neuronal aguda

Morfología de la lesión neuronal aguda

La denominada lesión neuronal aguda, cuya expresión histopatológica clásica recibe el nombre de “neurona roja”, constituye uno de los patrones morfológicos más característicos de la lesión neuronal irreversible producida por hipoxia, isquemia, hipoglucemia profunda y otros fenómenos capaces de provocar una alteración metabólica neuronal intensa. No representa simplemente un cambio de coloración del citoplasma, sino la manifestación microscópica de una compleja secuencia de alteraciones bioquímicas, estructurales y ultraestructurales que culminan en la degeneración y muerte de la neurona. La morfología clásica comprende retracción del cuerpo neuronal, condensación nuclear o picnosis, desaparición del nucléolo, pérdida de la sustancia de Nissl y marcada eosinofilia citoplasmática. La descripción histológica clásica de este patrón ha sido reproducida de manera consistente tanto en estudios neuropatológicos como en modelos experimentales de isquemia cerebral.

Es importante precisar, sin embargo, que la expresión “neurona roja” no debe interpretarse como equivalente absoluto de una neurona que acaba de morir. Se trata de un marcador morfológico de lesión neuronal aguda grave, particularmente asociado con necrosis neuronal, pero su aparición depende del tipo, intensidad, duración y localización de la agresión, así como del tiempo transcurrido entre la lesión y la obtención del tejido. En determinadas circunstancias pueden existir alteraciones bioquímicas y ultraestructurales importantes antes de que la morfología de la neurona roja sea evidente mediante hematoxilina y eosina. Estudios contemporáneos de lesión hipóxica han mostrado, por ejemplo, que determinadas alteraciones axonales pueden detectarse antes de que aparezca la eosinofilia neuronal característica. 

1. Por qué la neurona es particularmente vulnerable a la hipoxia y la isquemia

La vulnerabilidad neuronal deriva, en primer lugar, de su extraordinaria dependencia del metabolismo oxidativo. El tejido nervioso posee una demanda energética elevada y dispone de reservas energéticas relativamente limitadas. La interrupción del aporte de oxígeno y glucosa reduce rápidamente la producción de ATP, altera el funcionamiento de las bombas iónicas dependientes de energía y compromete el mantenimiento de los gradientes electroquímicos transmembrana. La consecuencia es una pérdida progresiva de la homeostasis iónica, con alteraciones de las concentraciones intracelulares de Na+, K+ y Ca2+. La alteración de la homeostasis del Ca2+ constituye uno de los mecanismos centrales de la lesión neuronal isquémica. 

La reducción del ATP también compromete el funcionamiento de la Na+/K+-ATPasa. Al disminuir la capacidad de la neurona para mantener el gradiente electroquímico, se produce despolarización de la membrana. Esta despolarización favorece la liberación de neurotransmisores excitadores y altera el funcionamiento de los receptores ionotrópicos. El resultado es un círculo vicioso caracterizado por excitación neuronal excesiva, entrada de Ca2+ y Na+ y agravamiento de la alteración energética. La participación de la excitotoxicidad en la necrosis neuronal selectiva está respaldada por experimentos en los cuales el bloqueo de determinados receptores excitadores disminuye la lesión neuronal después de isquemia. 

El Ca2+ intracelular excesivo activa diversas enzimas dependientes de este ion, incluidas proteasas, fosfolipasas y nucleasas, y además favorece la disfunción mitocondrial. La mitocondria deja entonces de actuar eficazmente como fuente de energía y pasa a contribuir a la generación de especies reactivas de oxígeno y a la activación de mecanismos de muerte celular. La lesión isquémica integra, por tanto, alteraciones de la homeostasis del Ca2+, generación de radicales libres, disfunción mitocondrial, activación de proteasas, alteraciones de la expresión génica y respuestas inflamatorias. 

2. Por qué aparece la lesión neuronal aguda

La aparición de una neurona roja es el resultado visible de la convergencia de estos fenómenos metabólicos. Cuando la agresión es suficientemente intensa y prolongada para superar la capacidad de recuperación neuronal, se producen modificaciones progresivas de las proteínas, membranas, organelos y estructuras nucleares. Estas modificaciones transforman una neurona viable, cuyo citoplasma posee una afinidad relativamente basófila debido a su abundancia de ARN ribosomal, en una célula con citoplasma intensamente eosinófilo y núcleo pequeño, oscuro y condensado. La caracterización histológica clásica de este proceso incluye precisamente pérdida de sustancia de Nissl, retracción del soma, picnosis y eosinofilia citoplasmática. 

La cronología merece una corrección importante respecto de la formulación planteada. No existe un intervalo universal de 6 a 12 horas aplicable a todas las lesiones hipóxicas o isquémicas. La literatura neuropatológica clásica sitúa la aparición reconocible de las neuronas rojas aproximadamente entre 12 y 24 horas después de una agresión hipóxica o isquémica irreversible, mientras que estudios experimentales han demostrado que pueden observarse cambios compatibles incluso antes, dependiendo de la especie, la región cerebral, la intensidad de la lesión y las condiciones experimentales. Un estudio clásico de lesión isquémica describió las neuronas rojas aproximadamente a las 18 horas, mientras que estudios experimentales más recientes han observado neuronas rojas desde las 4 horas en determinados modelos de lesión hipóxico-isquémica. Por consiguiente, es más científicamente preciso hablar de un fenómeno que aparece durante las primeras horas y se hace progresivamente más evidente con el transcurso del tiempo, en lugar de establecer un intervalo rígido de 6 a 12 horas. 

Esta variabilidad temporal tiene importancia diagnóstica. La ausencia de neuronas rojas en una muestra obtenida poco tiempo después de una agresión no excluye una lesión neuronal grave. La expresión morfológica convencional requiere tiempo para desarrollarse y puede ser inexistente o discreta en individuos que fallecen poco después del insulto. Estudios neuropatológicos contemporáneos han señalado específicamente que las alteraciones neuronales clásicas pueden tardar horas en hacerse evidentes, mientras que determinadas alteraciones axonales pueden aparecer mucho antes. 

3. Retracción del cuerpo celular

Uno de los cambios más característicos es la retracción del soma neuronal. Una neurona normal presenta un cuerpo celular relativamente voluminoso, con citoplasma basófilo y abundante sustancia de Nissl. Después de una lesión irreversible, el soma disminuye de tamaño y adquiere una apariencia más compacta. La retracción forma parte de la descripción morfológica clásica de la neurona roja y aparece acompañada de condensación nuclear y pérdida de la sustancia de Nissl. 

Este fenómeno no debe entenderse simplemente como una pérdida pasiva de agua. Refleja una transformación estructural profunda de la célula lesionada. La pérdida de la homeostasis iónica, el deterioro energético, la alteración de las proteínas citoplasmáticas y la destrucción progresiva de organelos modifican la arquitectura del soma. La lesión neuronal isquémica estudiada mediante microscopía óptica, microscopía electrónica y análisis bioquímico demuestra que los cambios morfológicos del cuerpo neuronal evolucionan dinámicamente en función del tiempo y de la gravedad de la alteración del flujo sanguíneo. 

La retracción adquiere especial valor cuando se interpreta conjuntamente con las restantes características. Un soma pequeño y condensado, con citoplasma intensamente eosinófilo, pérdida de sustancia de Nissl y núcleo picnótico, constituye un patrón mucho más indicativo de lesión neuronal aguda que cualquiera de estas características considerada de manera aislada. Modelos experimentales de lesión medular isquémica, por ejemplo, han definido como neuronas muertas o necróticas aquellas que presentan citoplasma difusamente eosinófilo, pérdida de los cuerpos de Nissl y núcleos picnóticos. 

4. Picnosis del núcleo

La picnosis nuclear consiste en una condensación intensa de la cromatina que produce un núcleo pequeño, hipercromático y estructuralmente alterado. En las preparaciones convencionales, esta condensación genera un núcleo intensamente basófilo que contrasta con el citoplasma eosinófilo. Los estudios experimentales de lesión hipóxico-isquémica han documentado específicamente la aparición de picnosis y fragmentación nuclear durante la evolución temprana de la lesión neuronal. 

La importancia de la picnosis radica en que demuestra que la lesión no se limita al citoplasma. El núcleo también está experimentando una alteración profunda de su organización. La activación de nucleasas, el daño oxidativo y la alteración de las estructuras nucleares pueden contribuir a la condensación y fragmentación del material nuclear durante la progresión hacia la muerte neuronal. En el contexto de una neurona roja, la picnosis debe interpretarse como parte de un conjunto morfológico de lesión irreversible, no como una prueba independiente de un mecanismo molecular único de muerte celular. 

5. Desaparición del nucléolo

La desaparición del nucléolo constituye otra característica clásica de la neurona roja. En condiciones normales, el nucléolo es una estructura nuclear altamente organizada relacionada con la síntesis y procesamiento del ARN ribosomal y con el ensamblaje de las subunidades ribosómicas. Cuando la neurona experimenta una agresión metabólica grave, la organización de esta maquinaria nuclear se altera y el nucléolo deja de ser reconocible mediante la tinción histológica convencional. La descripción neuropatológica clásica de la lesión neuronal aguda incluye explícitamente la desaparición del nucléolo junto con la retracción celular, la picnosis y la pérdida de sustancia de Nissl. 

La desaparición del nucléolo es particularmente coherente con la pérdida general de la capacidad biosintética de la neurona. La síntesis proteica es un proceso que requiere energía y una maquinaria ribosomal funcional; por ello, la alteración energética y estructural que acompaña a la isquemia repercute directamente sobre este sistema. En modelos de lesión hipoglucémica se ha demostrado una interrupción de la síntesis proteica en regiones cerebrales vulnerables, acompañada de alteración de la homeostasis iónica y entrada de Ca2+. 

6. Pérdida de la sustancia de Nissl

La sustancia de Nissl corresponde fundamentalmente a regiones del retículo endoplásmico rugoso y estructuras ribosómicas asociadas, por lo que constituye una manifestación microscópica de la intensa actividad de síntesis proteica característica de la neurona. Una neurona viable suele mostrar un citoplasma basófilo debido a la abundancia de ARN ribosomal. Cuando la lesión aguda es grave, esta organización se desintegra y desaparece progresivamente la basofilia asociada con la sustancia de Nissl. La pérdida de los cuerpos de Nissl es uno de los criterios clásicos que acompañan a la aparición de la neurona roja. 

La pérdida de Nissl tiene además un fundamento bioquímico. La insuficiencia energética altera la síntesis proteica y la integridad de los ribosomas y del retículo endoplásmico rugoso. En modelos experimentales de isquemia se han descrito alteraciones de los ribosomas del retículo endoplásmico y de los cuerpos de Nissl, mientras que modelos de hipoglucemia profunda han demostrado interrupción de la síntesis proteica en regiones selectivamente vulnerables. 

Por ello, la pérdida de Nissl no debe interpretarse simplemente como un cambio cromático. Constituye la expresión histológica de una alteración profunda de la maquinaria biosintética neuronal. Cuando se combina con la retracción del soma, la picnosis y la eosinofilia intensa, proporciona una evidencia morfológica de que la célula ha sufrido una lesión considerable. 

7. Eosinofilia intensa del citoplasma

El rasgo que proporciona a estas células su denominación característica es la intensa eosinofilia citoplasmática. En una preparación teñida con hematoxilina y eosina, el citoplasma de la neurona lesionada adquiere una coloración rojo-rosada mucho más intensa que la de una neurona viable. Esta transformación se produce paralelamente a la pérdida de la basofilia asociada con los ribosomas y la sustancia de Nissl. 

En modelos experimentales de hipoglucemia grave, las neuronas dañadas presentan precisamente una morfología condensada y retraída, núcleos picnóticos y tinción eosinófila intensa, con predominio de estas alteraciones en determinadas regiones de la corteza y del hipocampo. 

La eosinofilia no debe equipararse literalmente con una demostración microscópica de “desnaturalización proteica”. Aunque la alteración de las proteínas y de las estructuras citoplasmáticas contribuye al cambio morfológico, la explicación histoquímica es más compleja. La pérdida de componentes basófilos ricos en ARN ribosomal, junto con la transformación de las proteínas citoplasmáticas y la alteración de la arquitectura celular, modifica el equilibrio entre las propiedades tintoriales de los distintos componentes del citoplasma. Por ello, la eosinofilia debe considerarse una manifestación histológica integrada de degeneración neuronal aguda, y no una prueba específica de una única reacción molecular. La literatura experimental identifica la eosinofilia, la pérdida de Nissl y la picnosis como componentes interrelacionados de la morfología de la neurona lesionada. 

8. Relación entre estos cambios y la muerte neuronal

La secuencia completa puede comprenderse como una transición desde el fracaso metabólico hacia la alteración estructural. La reducción de oxígeno o glucosa limita la generación de ATP; el déficit energético compromete las bombas iónicas; la despolarización favorece la liberación y acción de neurotransmisores excitadores; aumenta la entrada de Ca2+; se deterioran las mitocondrias; se activan enzimas degradativas y aumentan las especies reactivas de oxígeno; finalmente, se deterioran las proteínas, las membranas, los organelos y el material nuclear. La combinación de estos procesos transforma una lesión bioquímica inicialmente potencialmente reversible en una lesión estructural irreversible. 

El concepto de irreversibilidad es especialmente importante. No toda neurona que experimenta una alteración metabólica aguda necesariamente desarrolla una neurona roja. Existe una fase en la que la recuperación metabólica y la restauración del flujo sanguíneo pueden permitir la supervivencia celular. La lesión se vuelve irreversible cuando la alteración energética y estructural alcanza un grado en el cual la célula ya no puede recuperar la homeostasis. Los estudios de lesión isquémica muestran que el patrón histológico depende tanto del grado de reducción del flujo como de la duración de la agresión y de la región cerebral afectada. 

Por esta razón, la aparición de neuronas rojas constituye un indicador de una lesión considerable, pero no permite determinar por sí sola el momento exacto en que ocurrió el daño ni demostrar que todas las neuronas afectadas hayan seguido exactamente el mismo mecanismo molecular. La relación entre lesión morfológica, viabilidad celular y tiempo desde el insulto debe interpretarse dentro del contexto clínico, anatómico y neuropatológico. 

9. Hipoglucemia grave: un mecanismo relacionado, pero no idéntico

La hipoglucemia grave puede producir una morfología neuronal que comparte muchas características con la lesión hipóxico-isquémica. Sin embargo, hipoglucemia e isquemia no son fisiopatológicamente idénticas. Durante la hipoglucemia profunda puede existir flujo sanguíneo cerebral conservado o incluso aumentado, pero la disponibilidad de glucosa resulta insuficiente para satisfacer las necesidades metabólicas neuronales. Esto produce fracaso energético, alteración de la homeostasis iónica, entrada de Ca2+ y liberación de aminoácidos excitadores, especialmente aspartato. 

La distribución de la lesión hipoglucémica tampoco tiene que seguir un territorio vascular. Las regiones particularmente vulnerables incluyen la corteza cerebral, el estriado y determinadas zonas del hipocampo, entre ellas la región CA1. Los estudios experimentales han demostrado que la necrosis neuronal hipoglucémica puede presentar una distribución característica y diferente de la observada después de una isquemia focal. 

La excitotoxicidad tiene especial importancia en este contexto. La inhibición experimental de receptores de glutamato de tipo N-metil-D-aspartato puede reducir la necrosis neuronal selectiva producida por hipoglucemia profunda, proporcionando evidencia experimental de que la activación excesiva de receptores excitadores participa directamente en la lesión. 

También existe evidencia de que la disfunción mitocondrial participa en la lesión hipoglucémica. La entrada excesiva de Ca2+ puede favorecer la transición de permeabilidad mitocondrial, alterando la capacidad de la mitocondria para conservar su función energética y contribuyendo a la muerte neuronal. 

10. Distribución selectiva de las neuronas rojas

La lesión no afecta necesariamente de manera uniforme a todas las neuronas del encéfalo. Algunas poblaciones neuronales son particularmente vulnerables debido a sus características metabólicas, electrofisiológicas y moleculares. Entre las regiones clásicamente vulnerables se encuentran determinadas capas de la corteza cerebral, la región CA1 del hipocampo, las células de Purkinje del cerebelo y determinadas estructuras profundas. 

Esta vulnerabilidad selectiva explica por qué una agresión sistémica puede producir una lesión microscópicamente heterogénea. Las neuronas que poseen determinadas características receptoras, una elevada demanda energética o una capacidad limitada para tolerar alteraciones de Ca2+ pueden alcanzar antes el punto de irreversibilidad. La literatura experimental sobre hipoglucemia e isquemia demuestra que la distribución de la necrosis neuronal depende considerablemente de la naturaleza del insulto y de la susceptibilidad regional. 

11. Evolución temporal de la lesión

La aparición de neuronas rojas forma parte de una secuencia temporal más amplia. En fases muy tempranas pueden existir alteraciones metabólicas, cambios de la cromatina, edema celular, alteraciones dendríticas y modificaciones axonales que todavía no producen el patrón clásico de neurona roja. Posteriormente aparece la lesión neuronal eosinófila, seguida por destrucción tisular más extensa, infiltración de células inflamatorias, activación microglial, gliosis y, en lesiones establecidas, eliminación de los restos celulares. 

En el infarto cerebral humano, los estudios histopatológicos han mostrado que las lesiones de aproximadamente 1 a 2 días pueden presentar una fase de lesión neuronal aguda, mientras que en fases posteriores aparecen fenómenos de inflamación, necrosis, infiltración de macrófagos y organización tisular. Esto demuestra que la morfología de la neurona roja debe interpretarse como una fase dentro de la evolución de la lesión y no como la totalidad del proceso patológico. 

12. Por qué la identificación microscópica es importante

La identificación de neuronas rojas permite reconocer que una población neuronal ha experimentado una agresión aguda suficientemente intensa para producir alteraciones estructurales graves. Su presencia puede proporcionar información sobre la naturaleza y evolución temporal aproximada de una lesión, especialmente cuando se integra con la distribución anatómica, la presencia de edema, la respuesta glial, la necrosis tisular y otros cambios neuropatológicos. 

No obstante, la interpretación debe ser prudente. Las neuronas rojas no constituyen por sí mismas una prueba etiológica específica. La morfología puede aparecer después de diferentes formas de agresión metabólica, y la cronología puede variar considerablemente. Además, una muestra obtenida demasiado temprano puede no mostrar todavía el patrón clásico, aun cuando exista lesión funcional o estructural significativa. 

En consecuencia, la afirmación de que las neuronas rojas son los “primeros marcadores visibles” debe matizarse: son uno de los primeros marcadores morfológicos convencionales de lesión neuronal irreversible reconocibles mediante histología rutinaria, pero no necesariamente el primer indicador de lesión neuronal en términos absolutos. Alteraciones metabólicas, bioquímicas, ultraestructurales y axonales pueden precederlas. 

Integración fisiopatológica

En conjunto, la neurona roja representa la expresión microscópica final de una cadena de acontecimientos que comienza con una insuficiencia energética. La pérdida de oxígeno durante la isquemia, o la pérdida de glucosa durante la hipoglucemia profunda, reduce la capacidad neuronal para mantener los gradientes iónicos. La despolarización y la excitotoxicidad favorecen la entrada excesiva de Ca2+. El aumento intracelular de Ca2+ deteriora las mitocondrias y activa sistemas enzimáticos que lesionan proteínas, membranas y ácidos nucleicos. Paralelamente, disminuye la síntesis proteica y se desorganizan el retículo endoplásmico rugoso y los ribosomas. Estos acontecimientos explican la pérdida de la sustancia de Nissl y la alteración del nucléolo. 

La progresión de la lesión nuclear explica la picnosis, mientras que la pérdida de componentes citoplasmáticos basófilos y la transformación estructural de las proteínas favorecen la intensa eosinofilia. La retracción del soma refleja la transformación global de la arquitectura neuronal. Cuando estos cambios aparecen simultáneamente, el resultado es la imagen histológica característica de una neurona pequeña, retraída, intensamente eosinófila, con pérdida de Nissl, nucléolo ausente y núcleo picnótico. 

Por tanto, la expresión “neurona roja” describe mucho más que una apariencia microscópica. Constituye la huella morfológica de una alteración metabólica neuronal grave que ha progresado desde la disfunción energética hacia la destrucción estructural. Su reconocimiento resulta fundamental para comprender la evolución de la lesión cerebral aguda, pero debe realizarse considerando la cronología, la región cerebral afectada, el mecanismo causal y las restantes alteraciones histopatológicas. La evidencia disponible también obliga a evitar una interpretación excesivamente rígida del intervalo temporal de 6 a 12 horas: la literatura clásica sitúa habitualmente el reconocimiento mediante hematoxilina y eosina alrededor de 12 a 24 horas, mientras que determinados modelos experimentales muestran cambios incluso antes. 

 

 

 

 

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Originally posted on 20 de mayo de 2024 @ 2:22 PM

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