Morfología de la lesión neuronal subaguda y crónica
Morfología de la lesión neuronal subaguda y crónica

Morfología de la lesión neuronal subaguda y crónica

La lesión neuronal subaguda y crónica constituye un conjunto de modificaciones estructurales, moleculares y funcionales que aparecen cuando una neurona permanece sometida durante periodos prolongados a estímulos capaces de alterar de manera persistente su homeostasis. En el contexto de las enfermedades neurodegenerativas, el término degeneración describe mejor un proceso progresivo que una lesión morfológica única, porque la alteración puede comenzar en las terminales sinápticas o en los axones, extenderse posteriormente al cuerpo celular y culminar en la desaparición de la neurona. La evidencia neuropatológica contemporánea indica que la neurodegeneración comprende, de manera interrelacionada, disfunción sináptica, degeneración axonal, alteraciones del transporte intracelular, acumulación de proteínas anormales, deterioro mitocondrial, respuestas inflamatorias de las células gliales y, finalmente, pérdida neuronal. Por ello, la lesión neuronal crónica no debe entenderse simplemente como una neurona que permanece durante años con una lesión estática, sino como una secuencia dinámica de cambios subcelulares que puede presentar diferentes velocidades y mecanismos según la enfermedad, la región anatómica y el tipo neuronal afectado. [1, 2]

Una característica fundamental de este proceso es su naturaleza compartimental. La neurona posee un cuerpo celular, dendritas, axón y múltiples terminales sinápticas, y cada uno de estos compartimentos puede presentar una vulnerabilidad diferente. En numerosas enfermedades neurodegenerativas, los cambios funcionales y estructurales aparecen primero en regiones distales de la neurona, particularmente en las sinapsis y en los axones, antes de que sea evidente una pérdida del cuerpo neuronal. La alteración temprana de estos compartimentos tiene una importancia extraordinaria porque una neurona puede conservar inicialmente un cuerpo celular aparentemente reconocible al microscopio y, sin embargo, haber perdido una proporción importante de sus conexiones funcionales. Esta separación temporal entre la lesión de las prolongaciones neuronales y la desaparición del soma explica por qué la pérdida neuronal cuantificada en estudios histológicos puede subestimar la magnitud de la disfunción que ya existe en el tejido. [3]

Cambios sinápticos como manifestación temprana

La sinapsis constituye uno de los primeros compartimentos afectados durante la neurodegeneración. En condiciones fisiológicas, las conexiones sinápticas presentan una capacidad continua de formación, estabilización, modificación y eliminación. Esta plasticidad permite adaptar la organización de los circuitos neuronales a la experiencia y a las necesidades funcionales. En las enfermedades neurodegenerativas, esta regulación puede alterarse y producir una disminución patológica de la estabilidad y de la eficacia de las conexiones sinápticas. [4]

La pérdida de sinapsis es especialmente importante en la enfermedad de Alzheimer, donde existe una relación estrecha entre la reducción de la densidad sináptica y el deterioro cognitivo. Los estudios neuropatológicos han demostrado que la alteración sináptica puede detectarse durante fases tempranas de la enfermedad, incluso antes de que exista una pérdida neuronal extensa. Esta observación indica que la disfunción del circuito neuronal no depende exclusivamente de la muerte de neuronas, sino que puede comenzar cuando una cantidad considerable de neuronas todavía permanece anatómicamente presente. [5]

La secuencia, sin embargo, no es absolutamente uniforme en todas las regiones cerebrales. Los análisis ultrastructurales tridimensionales realizados en tejido humano han demostrado que la relación temporal entre pérdida sináptica y pérdida neuronal varía según la región anatómica. En la corteza entorrinal, la disminución de sinapsis puede preceder a la pérdida neuronal, mientras que en determinadas regiones, como el área CA1 del hipocampo y la corteza transentorrinal, se han observado relaciones temporales diferentes. Por esta razón, afirmar que la pérdida sináptica precede siempre y en todas las regiones a la muerte neuronal constituye una simplificación excesiva de la evidencia neuropatológica. [6]

Desde el punto de vista morfológico, la pérdida sináptica puede acompañarse de reducción de espinas dendríticas, alteraciones de las densidades postsinápticas, cambios en la estructura de los botones presinápticos y modificaciones de las proteínas que constituyen la maquinaria de transmisión sináptica. En la enfermedad de Alzheimer también se han descrito alteraciones ultrastructurales de las densidades postsinápticas y cambios en la organización de las sinapsis excitadoras. Estas modificaciones reflejan que la sinaptopatía no consiste simplemente en una desaparición numérica de contactos, sino en una alteración progresiva de su arquitectura molecular y microscópica. [6, 7]

La relación entre pérdida sináptica y poda sináptica fisiológica requiere una precisión conceptual importante. La poda sináptica normal es un mecanismo regulado que elimina conexiones durante el desarrollo y contribuye a establecer circuitos funcionalmente eficientes. Sin embargo, la evidencia disponible en enfermedades neurodegenerativas no permite afirmar que toda la pérdida sináptica patológica sea simplemente una reactivación o una exageración de la poda fisiológica. En la enfermedad de Alzheimer se ha demostrado participación de mecanismos mediados por células microgliales y componentes del sistema del complemento, pero estos procesos se integran con alteraciones producidas por proteínas patológicas, inflamación, estrés oxidativo, excitotoxicidad y deterioro metabólico. Por consiguiente, la eliminación sináptica patológica debe considerarse un proceso complejo que comparte determinados mecanismos con la poda fisiológica, pero que no puede reducirse a ella. [8]

La consecuencia funcional de la pérdida sináptica es una disminución progresiva de la conectividad de los circuitos neuronales. Una neurona puede sobrevivir durante cierto tiempo después de haber perdido una proporción considerable de sus entradas y salidas, pero su capacidad para participar en redes neuronales complejas queda comprometida. Esto explica por qué los síntomas clínicos pueden aparecer antes de que la pérdida neuronal sea masiva. En la enfermedad de Alzheimer, la pérdida de sinapsis constituye uno de los mejores correlatos estructurales del deterioro cognitivo, mientras que en enfermedades de las neuronas motoras la afectación temprana de las sinapsis neuromusculares y de los compartimentos axonales puede contribuir a la aparición y progresión de la disfunción motora. [5, 9]

Alteraciones del cuerpo neuronal

Cuando el proceso degenerativo progresa, comienzan a hacerse más evidentes las alteraciones del cuerpo celular. Una de las manifestaciones puede ser la atrofia neuronal, caracterizada por disminución del volumen del soma y pérdida progresiva de componentes citoplasmáticos. En determinadas circunstancias también puede observarse condensación de la cromatina y alteraciones nucleares relacionadas con la activación de mecanismos de muerte celular. La morfología exacta depende de la enfermedad y del mecanismo predominante, por lo que no existe una única apariencia microscópica que identifique todas las formas de degeneración neuronal crónica. [10]

La pérdida de conexiones también puede producir modificaciones secundarias en el soma. Cuando una neurona pierde de forma permanente una parte importante de sus aferencias, puede producirse una reducción de su volumen como consecuencia de la pérdida de estímulos tróficos y de actividad sináptica. En determinados procesos degenerativos se observan además modificaciones de la sustancia de Nissl y del retículo endoplasmático rugoso. La cromatólisis, por ejemplo, implica fragmentación y redistribución de la sustancia de Nissl, acompañada de modificaciones del retículo endoplasmático rugoso y de los ribosomas. Esta respuesta es particularmente característica de neuronas sometidas a lesión axonal y representa una respuesta neuronal al daño más que una alteración exclusiva de una enfermedad neurodegenerativa determinada. [11]

En la neurodegeneración crónica también pueden acumularse proteínas anormales dentro de las neuronas. Estas inclusiones representan una característica especialmente relevante porque permiten identificar determinados procesos patológicos mediante técnicas histológicas e inmunohistoquímicas. En la enfermedad de Alzheimer, las principales lesiones neuropatológicas incluyen depósitos extracelulares de proteína β-amiloide y ovillos neurofibrilares intracelulares constituidos fundamentalmente por proteína tau anormalmente modificada. Estas lesiones se acompañan de pérdida neuronal, pérdida sináptica, neuritas distróficas y respuestas gliales. [12, 13]

La acumulación de proteína tau en el interior neuronal altera la arquitectura normal del citoplasma y se relaciona con la pérdida de la organización de los microtúbulos. Los ovillos neurofibrilares pueden observarse inicialmente dentro de neuronas que todavía sobreviven, y algunas neuronas que contienen estas alteraciones pueden persistir durante periodos prolongados. Esto demuestra que la presencia de una inclusión patológica no equivale automáticamente a muerte celular inmediata. La degeneración neuronal representa, por tanto, un proceso temporal en el que la acumulación de proteínas anormales, la disfunción celular y la pérdida de viabilidad pueden estar separadas por intervalos considerables. [13, 14]

En la esclerosis lateral amiotrófica existe un patrón morfológico diferente y particularmente característico. La enfermedad produce pérdida progresiva de neuronas motoras superiores e inferiores, acompañada de atrofia y contracción de las neuronas motoras supervivientes, vacuolización, espongiosis de determinadas regiones corticales, activación microglial y acumulación de inclusiones intracitoplasmáticas. En la mayoría de los casos de esclerosis lateral amiotrófica esporádica y en una proporción elevada de las formas familiares, las inclusiones neuronales contienen proteína TDP-43 anormalmente localizada y modificada. [15, 16]

En las neuronas motoras inferiores también pueden observarse los cuerpos de Bunina, pequeñas inclusiones eosinófilas intracitoplasmáticas de aproximadamente 3 a 6 µm de diámetro. Estas estructuras se localizan principalmente en las neuronas motoras de la médula espinal y de determinados núcleos motores del tronco encefálico. Su coexistencia con inclusiones de TDP-43 es frecuente en la esclerosis lateral amiotrófica esporádica, aunque su función biológica exacta continúa sin estar completamente establecida. [17, 18]

La degeneración de las neuronas motoras tampoco ocurre de manera homogénea. Algunas poblaciones son extraordinariamente vulnerables, mientras que otras permanecen relativamente preservadas incluso durante fases avanzadas de la enfermedad. Las neuronas motoras corticales y determinadas poblaciones de neuronas motoras espinales presentan mayor susceptibilidad que otras poblaciones motoras. Entre las neuronas motoras inferiores, las unidades motoras rápidas y fatigables pueden afectarse antes que las unidades motoras lentas resistentes. Esta vulnerabilidad selectiva demuestra que la neurodegeneración no depende exclusivamente de la presencia de una proteína patológica o de un estímulo tóxico generalizado, sino también de propiedades intrínsecas de cada población neuronal y de las características del circuito en el que se encuentra. [19, 20]

Degeneración axonal y desconexión neuronal

El axón representa otro compartimento crítico en la lesión neuronal crónica. Su gran longitud y su elevada dependencia del transporte axonal hacen que sea especialmente sensible a alteraciones mitocondriales, metabólicas, proteostáticas y del citoesqueleto. La interrupción prolongada del transporte de proteínas, vesículas, orgánulos y factores tróficos puede producir una pérdida progresiva de la integridad axonal y, finalmente, una desconexión de la neurona respecto de sus territorios diana. [3]

La degeneración axonal puede producirse incluso cuando el soma conserva inicialmente una apariencia relativamente preservada. Esta observación es especialmente importante para comprender por qué una enfermedad neurodegenerativa puede provocar una pérdida funcional considerable antes de que la histología convencional revele una reducción equivalente del número de cuerpos neuronales. En las enfermedades de las neuronas motoras, por ejemplo, la alteración de las terminaciones neuromusculares puede formar parte de las primeras manifestaciones del proceso degenerativo. [9]

La desconexión también puede producir degeneración transneuronal. Una neurona depende parcialmente de señales procedentes de otras neuronas para mantener su metabolismo, su actividad y su estructura. Cuando una población neuronal desaparece, las neuronas que dependían de ella pueden experimentar cambios secundarios debido a la pérdida de conexiones. De esta manera, la degeneración puede propagarse funcional y anatómicamente a través de circuitos interconectados, aunque esto no implica necesariamente una propagación idéntica del agente causal de una enfermedad. [3]

Gliosis reactiva

La gliosis reactiva constituye una de las modificaciones histopatológicas más constantes de la lesión neuronal crónica. No representa simplemente un aumento inespecífico del número de células gliales, sino una transformación morfológica, molecular y funcional de los astrocitos y de las células microgliales en respuesta a alteraciones del entorno neural. [21]

Los astrocitos reactivos pueden aumentar el tamaño de su soma y presentar hipertrofia de sus prolongaciones. También modifican la expresión de múltiples proteínas y alteran funciones relacionadas con el mantenimiento de la homeostasis extracelular, el metabolismo energético, la regulación de neurotransmisores, la interacción con las sinapsis y la respuesta inflamatoria. En lesiones persistentes, determinados astrocitos pueden participar además en la formación de una cicatriz glial que modifica la organización del tejido alrededor de la zona lesionada. [21, 22]

La respuesta astrocitaria no debe considerarse exclusivamente perjudicial. Los astrocitos cumplen funciones esenciales para mantener la concentración extracelular de iones, controlar neurotransmisores, proporcionar soporte metabólico y participar en la reparación tisular. Durante la enfermedad, algunos estados reactivos pueden contribuir a limitar la extensión de la lesión, mientras que otros pueden favorecer un entorno neurotóxico o interferir con funciones sinápticas normales. La heterogeneidad de los estados reactivos impide clasificarlos de forma adecuada mediante una simple oposición entre astrocitos protectores y astrocitos perjudiciales. [21, 22]

Las células microgliales experimentan igualmente cambios profundos. En condiciones fisiológicas mantienen una vigilancia constante del microambiente neural mediante prolongaciones móviles. Ante daño neuronal, modifican la morfología de sus prolongaciones, alteran su expresión génica, cambian la producción de mediadores inflamatorios y pueden aumentar la actividad fagocítica. Estas respuestas permiten eliminar restos celulares y contribuir a la reparación, pero también pueden perpetuar la inflamación y favorecer el daño neuronal cuando se mantienen durante periodos prolongados o cuando adquieren estados funcionales desadaptativos. [21, 23]

La interacción entre microglía, astrocitos y neuronas es particularmente importante porque la respuesta glial puede amplificar el proceso degenerativo. Las señales procedentes de neuronas lesionadas pueden activar células microgliales, y las células microgliales activadas pueden modificar a su vez el comportamiento de los astrocitos mediante mediadores inflamatorios. Los astrocitos reactivos pueden alterar la función sináptica y liberar moléculas capaces de modificar la supervivencia neuronal. De este modo, se establece un circuito en el que la lesión neuronal y la respuesta glial pueden reforzarse mutuamente. [21, 24]

En la esclerosis lateral amiotrófica, la astrogliosis reactiva y la activación microglial rodean a las neuronas motoras degeneradas y constituyen componentes importantes de la neuropatología. La evidencia experimental también demuestra que la vulnerabilidad neuronal puede depender de mecanismos no autónomos de la célula, es decir, de interacciones con astrocitos, microglía y otros elementos del microambiente. Por esta razón, la muerte de la neurona motora no puede explicarse exclusivamente por defectos intrínsecos de la propia neurona. [16, 20]

Por qué la gliosis puede ocultar la pérdida neuronal

La respuesta glial modifica considerablemente la apariencia histológica del tejido. Cuando una neurona desaparece, el espacio que ocupaba puede quedar rodeado o parcialmente ocupado por células gliales reactivas. La proliferación o hipertrofia de astrocitos y la acumulación de microglía pueden aumentar la densidad celular aparente del tejido y hacer menos evidente la reducción del número de neuronas en preparaciones histológicas convencionales. [21]

Esta circunstancia explica por qué, en determinados procesos crónicos, la presencia de astrogliosis o microgliosis puede constituir una señal más evidente de lesión que la propia pérdida neuronal. La detección de una población neuronal reducida requiere cuantificación y métodos estereológicos apropiados, mientras que los cambios gliales pueden alcanzar una extensión considerable y ser visibles incluso cuando la pérdida de neuronas todavía es relativamente discreta. [21, 25]

En la enfermedad de Alzheimer, por ejemplo, las lesiones neuropatológicas positivas, como las placas de β-amiloide, los ovillos neurofibrilares y las alteraciones gliales, coexisten con lesiones negativas, principalmente la pérdida de neuronas y de sinapsis. La interpretación correcta del tejido requiere integrar ambos tipos de hallazgos porque la presencia de una lesión positiva no informa por sí sola de la cantidad exacta de neuronas que han desaparecido. [14]

Distribución selectiva de la degeneración

La degeneración neuronal crónica tampoco afecta de manera uniforme a todo el sistema nervioso. Las enfermedades neurodegenerativas presentan una vulnerabilidad selectiva que puede definirse anatómica, molecular y funcionalmente. Determinados grupos neuronales pueden degenerar mientras poblaciones cercanas permanecen relativamente preservadas. [19]

En la enfermedad de Alzheimer existe una progresión característica de determinadas alteraciones patológicas desde regiones temporales mediales hacia otras áreas corticales. La distribución de los ovillos neurofibrilares muestra una progresión espacial relativamente reproducible, mientras que la acumulación de β-amiloide presenta otro patrón de distribución. La pérdida neuronal y sináptica se relaciona con estas modificaciones, pero la relación no es estrictamente lineal ni idéntica en todas las regiones cerebrales. [13, 26]

En la esclerosis lateral amiotrófica, la selectividad se manifiesta mediante la vulnerabilidad diferencial de diversas poblaciones de neuronas motoras. Las neuronas que controlan determinados grupos musculares pueden degenerar tempranamente, mientras que otras poblaciones motoras permanecen resistentes durante gran parte de la evolución de la enfermedad. Las diferencias en tamaño neuronal, propiedades electrofisiológicas, metabolismo, arborización dendrítica, composición proteica, regulación génica y características del entorno celular pueden contribuir a esta vulnerabilidad diferencial. [19, 20]

La selectividad también explica la aparición de síntomas específicos. Si una enfermedad afectara indiscriminadamente a todas las neuronas, produciría una disfunción neurológica generalizada desde las primeras etapas. En cambio, la degeneración selectiva de circuitos relacionados con memoria, movimiento, lenguaje, conducta o funciones autonómicas genera los perfiles clínicos particulares de las diferentes enfermedades neurodegenerativas. La anatomía funcional del circuito afectado es, por tanto, una parte esencial de la explicación morfológica de la enfermedad. [19, 20]

Mecanismos celulares que conducen a la pérdida neuronal

La pérdida neuronal crónica es el resultado final de múltiples mecanismos que pueden actuar simultáneamente. Entre ellos se encuentran la alteración de la homeostasis proteica, la acumulación de proteínas mal plegadas, la disfunción mitocondrial, el estrés oxidativo, la excitotoxicidad, las alteraciones del calcio intracelular, el deterioro del transporte axonal, el estrés del retículo endoplasmático y la inflamación crónica. Estos mecanismos no deben considerarse vías independientes, porque pueden potenciarse mutuamente y converger sobre la pérdida de la capacidad de la neurona para mantener su homeostasis. [1, 27]

La disfunción mitocondrial tiene especial importancia porque las neuronas poseen una demanda energética elevada y dependen de un suministro continuo de ATP para mantener gradientes iónicos, transporte axonal, liberación de neurotransmisores y reciclaje de componentes celulares. Cuando las mitocondrias pierden eficiencia, aumenta la vulnerabilidad frente al estrés oxidativo y disminuye la capacidad de mantener la función sináptica. [3, 27]

El estrés oxidativo puede producir daño en proteínas, lípidos y ácidos nucleicos. La alteración de estos componentes puede deteriorar todavía más las mitocondrias y los sistemas de degradación intracelular, creando un circuito de retroalimentación que favorece la acumulación de componentes dañados. En la enfermedad de Alzheimer, el estrés oxidativo y la disfunción mitocondrial se han relacionado con alteraciones de la transmisión sináptica y con la pérdida progresiva de conexiones neuronales. [28]

La excitotoxicidad constituye otro mecanismo potencial de lesión. Una estimulación excesiva de receptores excitadores puede incrementar la entrada de calcio y activar mecanismos enzimáticos y metabólicos capaces de producir daño celular. La sobrecarga de calcio también puede afectar directamente a las mitocondrias y favorecer la producción de especies reactivas. De esta manera, la actividad neuronal anormal puede convertirse en un factor que acelera la degeneración de neuronas previamente vulnerables. [27]

Apoptosis y muerte neuronal

La apoptosis ha desempeñado un papel central en la explicación histórica de la muerte neuronal asociada a enfermedades neurodegenerativas. Es una forma de muerte celular regulada caracterizada por una secuencia molecular organizada que puede comenzar por señales intracelulares o extracelulares. En la vía intrínseca, diferentes formas de estrés celular pueden promover la permeabilización de la membrana externa mitocondrial, la liberación de citocromo c y la activación posterior de caspasas que ejecutan la fragmentación controlada de componentes celulares. En la vía extrínseca, la activación de determinados receptores de muerte puede conducir a la activación de caspasa 8 y a la inducción de mecanismos apoptóticos posteriores. [29]

Desde el punto de vista morfológico, la apoptosis se caracteriza por reducción del volumen celular, condensación de la cromatina, fragmentación nuclear y formación de cuerpos apoptóticos que posteriormente pueden ser eliminados por células fagocíticas. Este patrón contrasta con las formas de muerte celular lítica en las que se produce pérdida de la integridad de la membrana y liberación del contenido intracelular. [29, 30]

Sin embargo, es necesario corregir una idea que históricamente se presentó de manera demasiado categórica: la apoptosis no puede considerarse actualmente el mecanismo único ni universalmente predominante de muerte neuronal en las enfermedades neurodegenerativas. La investigación contemporánea ha demostrado la participación de múltiples modalidades de muerte celular regulada, entre ellas necroptosis, piroptosis y ferroptosis, además de mecanismos relacionados con autofagia y otras formas de muerte neuronal. Las distintas vías pueden compartir componentes moleculares y pueden activarse simultáneamente o sucederse dependiendo del contexto celular. [30, 31]

Esta diversidad resulta especialmente relevante porque las características morfológicas observadas en el tejido humano post mortem no siempre permiten determinar con certeza qué vía molecular produjo la muerte de una neurona. Además, las neuronas pueden atravesar estados de disfunción prolongada antes de alcanzar un punto irreversible de muerte celular, y diferentes mecanismos de muerte pueden converger finalmente en una apariencia histológica semejante. Por esta razón, la identificación de una neurona degenerada mediante microscopía no equivale necesariamente a demostrar que murió mediante apoptosis. [31, 32]

La evidencia actual favorece, por tanto, un modelo en el que la muerte neuronal representa el resultado de una red de mecanismos interconectados. La apoptosis puede contribuir de manera importante en determinadas enfermedades y circunstancias, pero la inflamación, la alteración mitocondrial, el estrés oxidativo, la excitotoxicidad, la ferroptosis, la necroptosis y la piroptosis también pueden participar en la pérdida neuronal. [30, 31]

Integración morfológica del proceso

La lesión neuronal subaguda y crónica puede comprenderse mejor como una secuencia progresiva de modificaciones. Inicialmente pueden existir alteraciones moleculares y funcionales que todavía no producen una lesión morfológica evidente. Posteriormente aparecen cambios en la función sináptica, reducción de espinas dendríticas, alteraciones de las terminales presinápticas y deterioro del transporte axonal. Con la progresión aparecen modificaciones del cuerpo neuronal, acumulaciones proteicas, atrofia, alteraciones nucleares y, finalmente, desaparición del soma neuronal. Paralelamente, los astrocitos y las células microgliales modifican su morfología y actividad, de manera que la lesión neuronal queda acompañada por una respuesta glial progresivamente más evidente. [1, 3, 21]

Este modelo explica por qué la lesión neuronal crónica puede ser difícil de identificar durante sus fases iniciales. Una neurona que todavía conserva su soma puede haber perdido una cantidad significativa de sus conexiones y presentar alteraciones metabólicas graves. Del mismo modo, la respuesta glial puede ser extensa antes de que la pérdida neuronal sea fácilmente cuantificable mediante técnicas histológicas convencionales. La ausencia de una pérdida celular masiva visible, por tanto, no significa ausencia de enfermedad neuronal. [5, 21]

En la enfermedad de Alzheimer, esta secuencia se acompaña de acumulación progresiva de β-amiloide y tau, pérdida de sinapsis, degeneración de neuritas, alteraciones de circuitos, pérdida neuronal y gliosis. En la esclerosis lateral amiotrófica, la secuencia incluye alteración de terminales neuromusculares y axones, vulnerabilidad selectiva de determinadas poblaciones de neuronas motoras, atrofia y pérdida de neuronas motoras, inclusiones de TDP-43 en la mayoría de las formas no relacionadas con mutaciones de SOD1, cuerpos de Bunina, gliosis y degeneración de las vías motoras. [12, 15, 16]

La característica esencial de ambas enfermedades es que la pérdida neuronal visible constituye una fase avanzada de un proceso que comenzó mucho antes. La morfología final de una neurona muerta representa solamente el último punto de una cadena patológica que puede haber comenzado en las sinapsis, los axones, las mitocondrias, los sistemas de degradación proteica o las interacciones entre neuronas y células gliales. Esta perspectiva es fundamental para comprender por qué la investigación contemporánea concede tanta importancia a la preservación sináptica y axonal y no únicamente a la prevención de la muerte del cuerpo neuronal. [3, 33]

La morfología de la lesión neuronal subaguda y crónica debe interpretarse como una expresión espacial y temporal de la neurodegeneración. Las modificaciones no aparecen simultáneamente ni tienen necesariamente la misma intensidad en todas las neuronas. La pérdida de sinapsis, la degeneración axonal, la atrofia del soma, las inclusiones proteicas, la activación glial y la muerte celular constituyen diferentes componentes de un proceso continuo. La importancia de cada componente depende de la enfermedad, del tipo neuronal, de la región anatómica y de la fase evolutiva. [1, 6, 19]

 

 

 

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Fuente y lecturas recomendadas:
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Originally posted on 20 de mayo de 2024 @ 2:33 PM

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