La pericardiocentesis o punción pericárdica está indicada en cualquier paciente que tenga derrame pericárdico para investigación diagnóstica o como tratamiento en el caso de taponamiento.
En caso de traumatismo la punción pericárdica es un procedimiento diagnóstico que permite detectar la presencia de hemopericardio y establecer la necesidad de realizar exploración quirúrgica del corazón.
Puede utilizarse un acceso subxifoideo que es el más frecuente o utilizarse el accesos paraesternal izquierdo.
Técnica
Se coloca al paciente en decúbito dorsal y ligera hiperextensión toracolumbar.
La aguja se introduce en el ángulo costoxifoideo previamente infiltrado, se dirige hacia lentamente hacia arriba y atrás en dirección de la punta de la escápula izquierda con una angulación de 45° con respecto al cuerpo del paciente y aspirando de forma continua hasta que se encuentre líquido.
El uso de catéter de polivinilo es más seguro que la aguja para drenar el líquido y prevenir una posible lesión miocárdica.
Puede introducirse un catéter mediante técnica de Seldinger.
Si durante el procedimiento aparece elevación del segmento ST, o bien contracciones ventriculares prematuras, es necesario retirar la aguja hasta que desaparezcan estos fenómenos, pues su aparición es indicativo de contacto de la aguja con el epicardio o miocardio.
La pericardiocentesis puede ser guiado por imágen para mejorar la seguridad y la certeza del procedimiento durante el drenaje del taponamiento. Se puede realizar con por fluoroscópica, ecocardiografía o tomografía.
La vigilancia después del procedimiento es de 24 horas para detectar complicaciones y el drenaje mediante el catéter intrapericardico se puede dejar por varios días para minimizar las recurrencias.