El Manchester Triage System (MTS) es uno de los sistemas de priorización clínica más ampliamente utilizados en los servicios de urgencias hospitalarias de Europa y de numerosos países de América, Asia y Oceanía. Fue desarrollado por el Manchester Triage Group con el propósito de estandarizar la toma de decisiones durante la valoración inicial de los pacientes, reduciendo la variabilidad entre profesionales y garantizando que quienes presentan enfermedades potencialmente mortales reciban atención antes que aquellos con patologías de menor gravedad. Su principio fundamental consiste en que la prioridad asistencial no depende del orden de llegada al servicio de urgencias, sino del riesgo clínico que representa la condición del paciente. Esta filosofía responde al concepto de equidad clínica, según el cual los recursos sanitarios deben dirigirse inicialmente hacia quienes poseen mayor probabilidad de deterioro inmediato, muerte o discapacidad permanente si la atención se retrasa. Diversos estudios de validación han demostrado que el sistema presenta una adecuada capacidad para identificar pacientes con mayor necesidad de hospitalización, ingreso a unidades de cuidados intensivos y mayor riesgo de mortalidad, respaldando su utilidad clínica en escenarios de alta demanda asistencial.
El MTS constituye un sistema algorítmico basado exclusivamente en criterios clínicos objetivos obtenidos durante la evaluación inicial. A diferencia de otros modelos de clasificación, no intenta establecer un diagnóstico definitivo ni estimar el tratamiento que requerirá el paciente, sino determinar exclusivamente la rapidez con la que debe ser valorado por un médico. Este enfoque evita que la clasificación dependa de la experiencia subjetiva del profesional o de hipótesis diagnósticas tempranas, centrándose únicamente en la identificación sistemática de signos y síntomas asociados con diferentes niveles de riesgo clínico.
El sistema organiza la prioridad mediante cinco categorías de urgencia, cada una identificada por un color y por un tiempo máximo recomendado para la valoración médica.
• Nivel 1 (rojo): atención inmediata (0 minutos).
• Nivel 2 (naranja): atención en un tiempo no mayor de 10 minutos.
• Nivel 3 (amarillo): atención en aproximadamente 30 a 60 minutos.
• Nivel 4 (verde): atención entre 90 y 120 minutos.
• Nivel 5 (azul): atención diferible, generalmente hasta 240 minutos.
Estos tiempos representan objetivos asistenciales diseñados para minimizar el riesgo asociado con la demora diagnóstica y terapéutica. No constituyen garantías absolutas, sino estándares internacionales de calidad que orientan la organización del flujo de pacientes dentro del servicio de urgencias.
La lógica fisiopatológica que sustenta esta clasificación deriva de la velocidad con la que determinadas enfermedades pueden evolucionar hacia insuficiencia respiratoria, choque, daño neurológico irreversible, falla multiorgánica o muerte. Por ejemplo, un paciente con obstrucción aguda de la vía aérea o con infarto agudo del miocardio puede deteriorarse en cuestión de minutos, mientras que otras patologías presentan una progresión mucho más lenta, permitiendo un intervalo mayor antes de la valoración médica sin incrementar significativamente el riesgo clínico.
Estructura del sistema
Uno de los principales elementos distintivos del MTS consiste en que no utiliza una única lista universal de preguntas, sino un conjunto de diagramas de flujo diseñados para representar prácticamente todas las formas habituales de presentación clínica en un servicio de urgencias.
Las versiones actuales contienen aproximadamente entre 52 y 55 diagramas de flujo, dependiendo de la edición utilizada y de las adaptaciones nacionales implementadas por los distintos sistemas sanitarios. Cada diagrama corresponde a un motivo principal de consulta específico, denominado presentación clínica.
Entre los diagramas más utilizados se encuentran:
• Dolor abdominal en el adulto.
• Cefalea.
• Disnea en el adulto.
• Adulto que se siente mal.
• Padre preocupado, utilizado en pacientes pediátricos.
La utilización de diagramas específicos responde al hecho de que un mismo signo clínico posee diferente significado pronóstico dependiendo del contexto fisiopatológico en el que aparece. Por ejemplo, la presencia de fiebre adquiere una importancia completamente distinta en un lactante, en un paciente inmunosuprimido o en un adulto previamente sano. Del mismo modo, un dolor torácico puede representar desde una enfermedad musculoesquelética hasta una disección aórtica, por lo que requiere un algoritmo propio orientado a identificar rápidamente los datos clínicos de mayor gravedad.
El empleo de diagramas estandarizados disminuye considerablemente la variabilidad entre evaluadores y mejora la reproducibilidad del proceso de triaje, permitiendo que diferentes enfermeras asignen prioridades similares ante escenarios clínicos equivalentes.
Proceso de triaje
El proceso completo del MTS puede dividirse en tres etapas consecutivas.
Selección del diagrama de flujo
La primera decisión consiste en identificar cuál es el motivo principal por el cual el paciente solicita atención médica.
Esta etapa requiere habilidades de comunicación clínica y capacidad para sintetizar la información obtenida durante la entrevista inicial. La elección correcta del diagrama es fundamental porque determina cuáles serán los discriminadores evaluados posteriormente. Un error en esta fase puede conducir a una clasificación inadecuada incluso cuando las preguntas posteriores se respondan correctamente.
Por ejemplo, un paciente cuya manifestación predominante es dolor torácico debe ser evaluado mediante el algoritmo correspondiente, incluso cuando también presente náuseas o diaforesis, ya que estos síntomas forman parte del espectro clínico del síndrome coronario agudo.
En pacientes con múltiples síntomas, el sistema recomienda seleccionar el motivo de consulta potencialmente más grave o aquel que represente el mayor riesgo inmediato.
Aplicación de discriminadores
Una vez seleccionado el diagrama adecuado, la enfermera comienza la evaluación secuencial de los discriminadores.
Los discriminadores constituyen criterios clínicos previamente definidos que permiten identificar características asociadas con diferentes niveles de urgencia.
Se encuentran organizados jerárquicamente desde la máxima prioridad hasta la mínima, de manera que la evaluación comienza siempre buscando los signos compatibles con riesgo vital inmediato.
Entre los discriminadores utilizados por el sistema se encuentran:
• Alteración del estado de conciencia.
• Compromiso de la vía aérea.
• Dificultad respiratoria grave.
• Dolor precordial sugestivo de síndrome coronario agudo.
• Déficit neurológico de inicio reciente.
• Convulsiones.
• Signos de choque.
• Hemorragia importante.
• Temperatura elevada en determinados grupos de riesgo.
• Alteraciones relevantes de los signos vitales.
Cada discriminador ha sido incorporado porque representa un marcador indirecto de probabilidad de deterioro clínico. Por ejemplo, una alteración del estado de conciencia puede reflejar hipoxia, hipoglucemia, hemorragia intracraneal, sepsis, intoxicación o múltiples procesos potencialmente letales. De manera similar, un déficit neurológico agudo puede indicar un accidente cerebrovascular, cuya evolución depende críticamente del tiempo transcurrido hasta el inicio del tratamiento.
El sistema utiliza discriminadores tanto generales como específicos.
Los discriminadores generales son aplicables a numerosos diagramas y evalúan funciones fisiológicas esenciales, mientras que los específicos son exclusivos de determinadas presentaciones clínicas, como ocurre con el dolor torácico, la hemoptisis, el dolor testicular o la pérdida súbita de visión.
Asignación de la prioridad
La prioridad final corresponde al discriminador positivo de mayor gravedad encontrado durante la evaluación.
Este principio evita que un paciente con un signo clínico de alto riesgo sea clasificado en una categoría inferior debido a la presencia simultánea de síntomas menos importantes.
Si ningún discriminador de mayor gravedad resulta positivo, el algoritmo continúa descendiendo progresivamente hasta identificar el criterio que mejor represente la urgencia clínica del paciente.
Cuando no existe ningún discriminador positivo, el paciente se clasifica en el nivel azul, correspondiente a la menor prioridad asistencial.
Este procedimiento algorítmico garantiza uniformidad en la toma de decisiones y reduce la influencia de la subjetividad del evaluador.
Diferencias con el Emergency Severity Index
Una de las principales diferencias entre el MTS y el Emergency Severity Index consiste en la filosofía empleada para establecer la prioridad clínica.
El MTS fundamenta toda la decisión en la gravedad fisiopatológica sugerida por los signos y síntomas presentes durante la valoración inicial.
En contraste, el Emergency Severity Index incorpora además una estimación prospectiva del consumo de recursos diagnósticos y terapéuticos que probablemente requerirá el paciente, como estudios de laboratorio, tomografía computarizada, procedimientos invasivos o consultas con especialistas.
La exclusión deliberada del consumo de recursos en el MTS busca evitar que factores organizacionales influyan sobre la priorización clínica. Desde esta perspectiva, la urgencia depende exclusivamente del riesgo biológico del paciente y no de la complejidad logística del tratamiento posterior.
Formación del personal y control de calidad
La correcta aplicación del MTS requiere capacitación formal.
Los programas internacionales de formación incluyen habitualmente cursos presenciales de aproximadamente 2.5 días, durante los cuales las enfermeras reciben entrenamiento teórico y práctico en la utilización de diagramas de flujo, discriminadores y escenarios clínicos simulados.
La formación inicial se complementa con auditorías periódicas destinadas a evaluar la concordancia entre evaluadores, detectar errores sistemáticos y mantener la calidad del proceso de triaje.
En numerosos hospitales las auditorías se realizan varias veces al año mediante revisión de casos clínicos, ejercicios de simulación y análisis de indicadores de desempeño.
La evaluación continua resulta indispensable porque el triaje constituye un proceso cognitivo complejo susceptible de verse influido por la experiencia clínica, la carga asistencial, la fatiga y los cambios epidemiológicos.
Evidencia sobre su validez
La utilidad clínica del MTS ha sido confirmada mediante numerosos estudios observacionales y metaanálisis.
Uno de los análisis longitudinales más extensos evaluó 355 135 pacientes atendidos durante un periodo de 10 años. Los resultados demostraron que el sistema mantuvo un desempeño estable a pesar de importantes cambios organizacionales, rotación del personal sanitario, modificaciones demográficas de la población atendida y el impacto generado por la pandemia por coronavirus.
En dicho estudio, el área bajo la curva para predecir ingreso hospitalario osciló entre 0.719 y 0.756, para ingreso a unidades de cuidados intensivos entre 0.831 y 0.862, y para mortalidad a 30 días entre 0.672 y 0.750, lo que indica una buena capacidad discriminativa para identificar pacientes con mayor riesgo de desenlaces clínicos adversos.
Estos resultados apoyan que la prioridad asignada por el MTS refleja adecuadamente la gravedad fisiopatológica del paciente y constituye un predictor útil de utilización de recursos hospitalarios y pronóstico clínico.
Limitaciones
A pesar de su amplio respaldo científico, el MTS presenta limitaciones reconocidas.
Los pacientes con síntomas inespecíficos suelen clasificarse mediante el diagrama “adulto que se siente mal”. Debido a que esta categoría agrupa presentaciones clínicas muy heterogéneas, la precisión pronóstica disminuye respecto de diagramas dirigidos a síndromes clínicos específicos. Esto puede traducirse en menor capacidad para identificar pacientes con elevado riesgo de ingreso hospitalario o mortalidad.
En pediatría, el diagrama “padre preocupado” constituye otra limitación potencial. Su utilización responde a la evidencia de que los cuidadores frecuentemente detectan cambios sutiles en el estado clínico del niño antes de que aparezcan alteraciones fisiológicas evidentes. Sin embargo, diversos estudios han mostrado que una elevada proporción de estos pacientes recibe posteriormente alta ambulatoria, lo que sugiere una menor especificidad y la posibilidad de variaciones tanto hacia el sobretriaje como hacia el subtriaje dependiendo del contexto clínico y de la experiencia del evaluador.
Otra limitación ampliamente reconocida consiste en que ningún sistema de triaje alcanza una sensibilidad y especificidad absolutas. El MTS representa una herramienta de apoyo para la toma de decisiones clínicas y no sustituye el juicio profesional ni la reevaluación periódica del paciente. Dado que el estado fisiológico puede modificarse rápidamente durante la espera, especialmente en enfermedades tiempo-dependientes, la reevaluación continua constituye un componente esencial para mantener la seguridad del paciente.

Fuente y lecturas recomendadas:
- Azeredo, T. R. M., Guedes, H. M., Rebelo de Almeida, R. A., Chianca, T. C. M., & Martins, J. C. A. (2015). Efficacy of the Manchester Triage System: A systematic review. International Emergency Nursing, 23(2), 47–52.
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- Moll, H. A., van Veen, M., Steyerberg, E. W., van Meurs, A. H. J., Ruige, M., Oostenbrink, R., & Derkx, H. H. F. (2010). Performance of the Manchester Triage System in children presenting to emergency departments: A systematic review. Emergency Medicine Journal, 27(12), 903–907.
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