El shock es un síndrome fisiopatológico complejo caracterizado por una alteración aguda de la circulación que impide satisfacer adecuadamente las necesidades metabólicas de los tejidos. Aunque la hipotensión arterial es frecuente y clínicamente importante, no constituye por sí sola la definición de shock: puede existir hipoperfusión tisular antes de que aparezca una disminución manifiesta de la presión arterial, y algunos pacientes permanecen hipotensos por mecanismos compensatorios insuficientes sin presentar el mismo grado de alteración metabólica. La característica central es, por tanto, el desequilibrio entre el aporte de oxígeno y las necesidades celulares, que conduce a metabolismo anaerobio, incremento de la producción de lactato, disfunción mitocondrial, alteraciones de la microcirculación, daño endotelial y, si el proceso persiste, disfunción orgánica múltiple. Estas bases fisiopatológicas están ampliamente documentadas en la literatura científica sobre shock circulatorio.
La perfusión tisular depende de la interacción entre el gasto cardíaco, la presión arterial, la resistencia vascular, la volemia, el contenido arterial de oxígeno y la distribución regional del flujo sanguíneo. El aporte sistémico de oxígeno puede expresarse como DO₂ = GC × CaO₂ × 10, mientras que el contenido arterial de oxígeno depende principalmente de la concentración de hemoglobina y de su saturación con oxígeno. Por ello, un paciente puede desarrollar hipoxia tisular no solamente por una disminución del flujo sanguíneo, sino también por alteraciones graves del contenido de oxígeno de la sangre o de la capacidad celular para utilizarlo. En condiciones normales, los mecanismos compensatorios cardiovasculares y neurohumorales preservan temporalmente la perfusión de órganos vitales, pero cuando la agresión supera la capacidad de compensación aparece un estado de shock progresivo.
Clasificación fisiopatológica del shock
El shock suele clasificarse en 4 grandes categorías: hipovolémico, cardiogénico, obstructivo y distributivo. Esta clasificación es útil porque cada tipo se origina por una alteración predominante diferente del sistema circulatorio, aunque en la práctica clínica pueden coexistir varios mecanismos. Un paciente con sepsis, por ejemplo, puede presentar vasodilatación distributiva, depresión de la contractilidad miocárdica, fuga capilar y déficit relativo o absoluto del volumen intravascular simultáneamente.
Shock hipovolémico
El shock hipovolémico aparece cuando existe una reducción crítica del volumen circulante efectivo. La causa clásica es la hemorragia, pero también puede producirse por pérdidas gastrointestinales intensas, pérdidas renales, quemaduras extensas, desplazamiento de líquidos hacia el tercer espacio o deshidratación grave. La disminución del volumen intravascular reduce el retorno venoso y, por tanto, la precarga ventricular. Como consecuencia, disminuye el volumen sistólico y finalmente el gasto cardíaco.
La respuesta inicial incluye activación simpática, taquicardia, vasoconstricción periférica y aumento de la extracción tisular de oxígeno. Estos mecanismos pueden mantener temporalmente la presión arterial, razón por la cual una presión aparentemente normal no excluye una hipoperfusión significativa. Cuando la pérdida de volumen supera la capacidad compensatoria, disminuye la perfusión coronaria, cerebral, renal y esplácnica, y el paciente progresa hacia acidosis metabólica, lesión celular y fracaso orgánico.
El tratamiento fundamental consiste en detener la pérdida de volumen y restaurar el volumen circulante de manera adecuada. En la hemorragia grave, la reposición debe integrarse con el control definitivo de la fuente de sangrado y con estrategias de reanimación hemostática. Los vasopresores no sustituyen la corrección de la hipovolemia, porque una vasoconstricción intensa en un paciente sin volumen intravascular suficiente puede aumentar transitoriamente la presión arterial sin corregir el déficit fundamental de perfusión.
Shock cardiogénico
El shock cardiogénico se produce cuando el corazón es incapaz de generar un gasto cardíaco suficiente para mantener una perfusión tisular adecuada. La causa más frecuente continúa siendo el síndrome coronario agudo complicado por disfunción ventricular grave, aunque también pueden producirlo miocarditis, miocardiopatías, arritmias graves, valvulopatías agudas y otras alteraciones mecánicas o funcionales del corazón.
La fisiopatología inicial implica una reducción de la contractilidad o una alteración grave del rendimiento mecánico cardíaco. La disminución del volumen sistólico reduce el gasto cardíaco y activa mecanismos neurohormonales que producen vasoconstricción y retención de sodio y agua. Aunque estas respuestas pueden aumentar temporalmente la presión arterial, también pueden incrementar la poscarga y la demanda miocárdica de oxígeno, agravando el deterioro de un corazón ya comprometido.
En este contexto, los inotropos pueden ser útiles porque aumentan la contractilidad miocárdica y elevan el volumen sistólico. Sin embargo, esta intervención tiene un costo fisiológico potencial: muchos agentes inotrópicos incrementan la frecuencia cardíaca, la demanda miocárdica de oxígeno y la susceptibilidad a las arritmias. Por esta razón, el objetivo no consiste simplemente en maximizar la contractilidad, sino en restaurar una perfusión adecuada con la menor exposición necesaria a los efectos adversos.
Shock obstructivo
El shock obstructivo ocurre cuando existe un impedimento mecánico al llenado cardíaco o a la eyección ventricular. Entre las causas principales se encuentran el taponamiento cardíaco, el neumotórax a tensión y la embolia pulmonar masiva. Aunque el miocardio pueda conservar inicialmente una capacidad contráctil relativamente adecuada, el corazón no puede mantener un gasto efectivo debido al obstáculo físico impuesto a la circulación.
En el taponamiento cardíaco, el aumento de la presión intrapericárdica limita el llenado ventricular. En el neumotórax a tensión, el incremento progresivo de la presión intratorácica compromete el retorno venoso y puede comprimir estructuras cardiovasculares. En la embolia pulmonar masiva, la obstrucción súbita del lecho vascular pulmonar aumenta drásticamente la poscarga del ventrículo derecho, que puede dilatarse y fracasar de forma aguda.
El principio terapéutico fundamental es eliminar la obstrucción. Los líquidos, vasopresores e inotropos pueden utilizarse como medidas transitorias de soporte, pero no corrigen por sí mismos la causa mecánica. La descompresión del neumotórax, el drenaje del taponamiento o la reperfusión en la embolia pulmonar de alto riesgo son intervenciones etiológicas decisivas.
Shock distributivo
El shock distributivo se caracteriza predominantemente por una alteración del tono vascular y de la distribución regional del flujo sanguíneo. La vasodilatación reduce la resistencia vascular sistémica y puede producir una disminución importante de la presión arterial. Además, la pérdida de la distribución normal del flujo puede ocasionar hipoperfusión de determinados territorios incluso cuando el gasto cardíaco global es normal o elevado.
El shock séptico constituye el ejemplo más importante y frecuente. La infección desencadena una respuesta inmunitaria y endotelial compleja que produce vasodilatación, alteraciones de la permeabilidad vascular, fuga de líquido al intersticio, disfunción microcirculatoria y alteraciones de la utilización celular de oxígeno. En consecuencia, la hipotensión del shock séptico no depende únicamente de un déficit de volumen ni exclusivamente de una disminución del gasto cardíaco.
El tratamiento del shock séptico requiere simultáneamente control de la infección, administración apropiada de antimicrobianos, reanimación con líquidos cuando existe indicación, evaluación dinámica de la respuesta y soporte vasoactivo cuando persiste la hipotensión. Las guías internacionales recomiendan norepinefrina como vasopresor de primera línea en la mayoría de los pacientes con shock séptico.
Vasopresores: fundamento fisiológico y objetivos terapéuticos
Los vasopresores son fármacos vasoactivos utilizados principalmente para aumentar el tono vascular y elevar la presión arterial cuando existe vasodilatación patológica o una presión de perfusión insuficiente. Su efecto predominante depende de los receptores sobre los que actúan. La estimulación de los receptores adrenérgicos α₁ produce contracción del músculo liso vascular y aumenta la resistencia vascular sistémica. Algunos agentes también estimulan receptores β₁ cardíacos, aumentando la frecuencia cardíaca y la contractilidad, mientras que otros poseen mecanismos no adrenérgicos.
Es importante precisar que los vasopresores no mejoran automáticamente la perfusión de todos los tejidos simplemente por elevar la presión arterial. Una presión arterial mayor puede ser necesaria para restaurar la presión de perfusión, pero una vasoconstricción excesiva puede reducir el flujo hacia determinados territorios. Por ello, el objetivo clínico debe ser restaurar una perfusión adecuada y no perseguir valores arbitrariamente elevados de presión arterial.
Norepinefrina
La norepinefrina tiene una acción predominantemente α-adrenérgica y una actividad β₁ moderada. Produce vasoconstricción arterial y venosa, aumenta la resistencia vascular sistémica y puede incrementar la presión arterial sin provocar, en general, el mismo grado de taquicardia observado con otros agonistas adrenérgicos. Su perfil farmacológico explica su posición como vasopresor inicial de elección en el shock séptico.
La titulación de norepinefrina debe realizarse según la respuesta individual. Se recomienda valorar no solamente la presión arterial, sino también el estado mental, la diuresis, la temperatura periférica, el tiempo de llenado capilar, las concentraciones y la evolución del lactato, así como otros parámetros hemodinámicos cuando estén disponibles. La dosis necesaria puede aumentar o disminuir rápidamente según la evolución de la enfermedad subyacente y la respuesta a otras intervenciones.
Vasopresina
La vasopresina es un vasopresor no adrenérgico que produce vasoconstricción principalmente mediante receptores V1. En el shock vasodilatador, especialmente en el shock séptico, puede emplearse como complemento de la norepinefrina para aumentar la presión arterial o disminuir la necesidad de catecolaminas. Generalmente se administra a dosis bajas relativamente fijas y no se titula de la misma forma que la norepinefrina.
Su utilización se fundamenta en mecanismos fisiopatológicos diferentes de los de las catecolaminas, lo que puede ser útil cuando la vasoplejía persiste a pesar de dosis crecientes de norepinefrina. Sin embargo, la vasoconstricción excesiva puede asociarse con isquemia periférica o esplácnica, particularmente en pacientes con enfermedad vascular grave o perfusión comprometida.
Epinefrina
La epinefrina posee actividad α y β. A dosis y condiciones clínicas diferentes puede producir vasoconstricción, aumento de la frecuencia cardíaca y aumento de la contractilidad. Puede utilizarse como agente adicional cuando persiste una hipotensión grave a pesar de otros vasopresores o cuando existe simultáneamente una necesidad importante de soporte inotrópico.
Entre sus limitaciones se encuentran la taquicardia, las arritmias y el aumento del lactato por mecanismos metabólicos asociados a la estimulación β-adrenérgica. Por ello, un incremento del lactato durante la administración de epinefrina debe interpretarse dentro del contexto clínico completo y no asumirse automáticamente como evidencia de empeoramiento de la hipoxia tisular.
Dopamina
La dopamina tiene efectos dosisdependientes y actúa sobre diferentes receptores. Históricamente se utilizó con frecuencia en el shock, pero actualmente su empleo es más limitado debido a una mayor incidencia de arritmias en comparación con la norepinefrina. La evidencia disponible ha favorecido claramente a la norepinefrina como agente inicial en la mayoría de los pacientes con shock séptico.
Fenilefrina
La fenilefrina es predominantemente un agonista α₁. Produce vasoconstricción intensa, pero carece de un efecto inotrópico β₁ significativo. Puede aumentar la presión arterial a costa de incrementar la poscarga y potencialmente disminuir el volumen sistólico en determinados pacientes. Por ello, no suele constituir la primera elección en el shock séptico, aunque puede tener indicaciones específicas en situaciones clínicas seleccionadas.
Inotropos: restauración del gasto cardíaco
Los inotropos positivos aumentan la fuerza de contracción del miocardio. Su indicación fundamental surge cuando existe evidencia de disminución del gasto cardíaco asociada con hipoperfusión tisular. En términos fisiológicos, el aumento de la contractilidad puede incrementar el volumen sistólico y el gasto cardíaco, mejorando así el aporte sistémico de oxígeno.
Sin embargo, el uso de inotropos requiere una valoración precisa de la fisiopatología predominante. La disminución de la presión arterial no demuestra necesariamente que exista una contractilidad insuficiente. Un paciente con vasodilatación grave puede estar hipotenso a pesar de un gasto cardíaco elevado, mientras que otro con una presión aparentemente aceptable puede presentar un gasto cardíaco peligrosamente bajo. La selección de un inotropo debe basarse, por tanto, en la evaluación integral del estado hemodinámico y no únicamente en la cifra de presión arterial.
Dobutamina
La dobutamina es un inotropo sintético con actividad predominantemente β₁. Aumenta la contractilidad y puede incrementar el gasto cardíaco, pero también puede provocar taquicardia y arritmias. Su efecto vasodilatador β₂ puede reducir la resistencia vascular sistémica, de manera que en pacientes hipotensos puede ser necesario combinarla con un vasopresor.
En el shock séptico, puede considerarse cuando existe disfunción miocárdica o hipoperfusión persistente asociada con un gasto cardíaco insuficiente después de optimizar la volemia y la presión arterial. En el shock cardiogénico, puede mejorar transitoriamente el rendimiento cardíaco, aunque su uso debe ser cuidadoso por el riesgo de arritmias y aumento del consumo de oxígeno del miocardio.
Milrinona
La milrinona es un inhibidor de la fosfodiesterasa tipo 3 que aumenta la disponibilidad intracelular de adenosín monofosfato cíclico. Produce efectos inotrópicos y vasodilatadores. Puede ser útil en situaciones específicas, especialmente cuando la respuesta a la estimulación β-adrenérgica es limitada o cuando el paciente recibe bloqueadores β-adrenérgicos. Sin embargo, su capacidad para producir vasodilatación puede agravar la hipotensión, y su eliminación depende significativamente de la función renal.
En pacientes con shock cardiogénico, la evidencia comparativa entre dobutamina y milrinona no ha demostrado una superioridad inequívoca de uno de estos agentes en términos de los principales desenlaces clínicos. La selección debe individualizarse considerando el perfil hemodinámico, la presión arterial, la función renal, el riesgo arrítmico y las características específicas de la enfermedad cardíaca.
Vasopresores e inotropos como parte de una estrategia, no como tratamiento aislado
Los medicamentos vasoactivos no sustituyen el tratamiento de la causa del shock. En la hemorragia, la prioridad es controlar el sangrado y restaurar adecuadamente el volumen y la capacidad de transporte de oxígeno. En el shock cardiogénico secundario a un síndrome coronario agudo, puede ser necesaria la reperfusión. En el taponamiento cardíaco debe eliminarse la compresión cardíaca. En el neumotórax a tensión debe aliviarse inmediatamente la presión intratorácica. En el shock séptico, el control de la fuente infecciosa y el tratamiento antimicrobiano apropiado son intervenciones fundamentales.
El soporte vasoactivo permite ganar tiempo y mantener la perfusión mientras se corrige la causa fisiopatológica. Esta distinción es esencial: elevar la presión arterial no equivale necesariamente a resolver el shock. La recuperación real requiere mejorar el equilibrio entre el aporte y el consumo de oxígeno y detener el proceso responsable de la insuficiencia circulatoria.
Selección racional del medicamento vasoactivo
La elección de un vasopresor o inotropo debe responder a la alteración hemodinámica predominante:
- En la vasodilatación grave con presión arterial insuficiente, se requiere principalmente un vasopresor.
- En la disminución significativa del gasto cardíaco por deterioro de la contractilidad, puede requerirse un inotropo.
- En el shock cardiogénico con hipotensión grave y bajo gasto, puede ser necesaria la combinación de un vasopresor para sostener la presión de perfusión y un inotropo para mejorar el gasto cardíaco.
- En el shock obstructivo, los medicamentos vasoactivos pueden estabilizar temporalmente al paciente, pero la resolución de la obstrucción es indispensable.
- En el shock hipovolémico, la prioridad es corregir el déficit de volumen y la causa de la pérdida.
Esta estrategia debe ajustarse continuamente porque la fisiopatología del shock puede cambiar durante la evolución clínica. Un paciente inicialmente vasodilatado puede desarrollar posteriormente depresión miocárdica, y un paciente con bajo gasto puede presentar una respuesta compensatoria que aumente excesivamente la resistencia vascular.
Monitorización de la respuesta terapéutica
La administración de medicamentos vasoactivos exige monitorización estrecha. La presión arterial es indispensable, pero no constituye un marcador suficiente de perfusión tisular. Deben evaluarse simultáneamente el estado neurológico, la diuresis, la temperatura y perfusión periférica, el tiempo de llenado capilar, la concentración de lactato y su evolución, así como variables hemodinámicas avanzadas cuando estén disponibles.
La evaluación dinámica es preferible a una interpretación estática y aislada. La respuesta a una intervención puede proporcionar información fisiológica relevante: por ejemplo, el incremento del volumen sistólico después de una maniobra de aumento transitorio de la precarga puede ayudar a identificar pacientes con probabilidad de responder a la administración de líquidos. Esta aproximación reduce el riesgo de administrar volumen innecesario a pacientes que ya no presentan capacidad de respuesta favorable.
Efectos adversos y riesgos
Los medicamentos vasoactivos pueden ser indispensables para la supervivencia, pero también pueden causar daño cuando se administran en exceso o sin una indicación fisiológica precisa.
La vasoconstricción intensa puede reducir la perfusión de la piel, las extremidades, el territorio esplácnico y otros órganos vulnerables. En casos extremos puede producir isquemia digital o necrosis. Además, la extravasación de determinados vasopresores puede ocasionar lesión local grave, por lo que debe vigilarse cuidadosamente el acceso vascular.
Los inotropos y las catecolaminas pueden provocar taquicardia y arritmias. El aumento excesivo de la frecuencia cardíaca reduce el tiempo de llenado ventricular y puede aumentar el consumo miocárdico de oxígeno. En un corazón con isquemia o reserva funcional limitada, esta situación puede agravar la disfunción. Por estas razones, la dosis debe ser la mínima necesaria para alcanzar objetivos fisiológicos razonables.
Importancia clínica
El manejo del shock exige reconocer que la hipotensión es un signo importante, pero no representa por sí sola la totalidad del problema. El objetivo terapéutico es restaurar una circulación capaz de aportar oxígeno a los tejidos en cantidad suficiente para satisfacer sus necesidades metabólicas. Los vasopresores corrigen predominantemente la insuficiencia del tono vascular y ayudan a recuperar una presión de perfusión adecuada; los inotropos mejoran principalmente la capacidad contráctil del corazón y pueden aumentar el gasto cardíaco cuando este es insuficiente.
La excelencia en el manejo de estos medicamentos depende de identificar el mecanismo dominante del shock, seleccionar el agente farmacológico adecuado, iniciar el tratamiento oportunamente, titularlo según una monitorización continua y, sobre todo, corregir la causa que produjo la insuficiencia circulatoria. En medicina crítica, comprender la fisiología que existe detrás de cada cifra de presión arterial y de cada cambio en el gasto cardíaco permite transformar la farmacoterapia vasoactiva de una intervención empírica en una estrategia racional, individualizada y potencialmente decisiva para preservar la vida.
La atención del paciente en shock recuerda que la medicina de urgencias y cuidados críticos no consiste únicamente en normalizar parámetros numéricos. Consiste en comprender la compleja relación entre corazón, vasos sanguíneos, volumen circulante, microcirculación, oxígeno y metabolismo celular. Cada intervención debe orientarse a restaurar la función biológica de la circulación: sostener la vida mientras se identifica y corrige la causa del deterioro.
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Originally posted on 19 de mayo de 2024 @ 11:55 PM


